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Muchos son los significados de la cruz. Inicialmente, era un símbolo de maldición (Gálatas 3:13), por esto la palabra profética presentó allí al Salvador del mundo llevando la maldición, que desde Adán, cayó sobre la raza humana. Hoy, la cruz es símbolo del cristianismo, y para muchos es una fuerza opositora del mal y un objeto que ofrece protección. Pero, ¿es esto lo que Cristo quiso que pensáramos respecto a su cruz?
¡Definitivamente no! La cruz no la ocupa un ser sangrante y moribundo; no ha de congelar sobre su imagen la historia del Calvario, y no ha de ser un símbolo que dé protección o sirva de identificación...
¡La cruz está vacía! Quien la ocupó es Dios eterno y si tomó forma de hombre, fue sólo para rescatarnos y para que un día fuésemos como él. La cruz no debe hablar de martirio, sino de una obra terminada; de una batalla cruenta, hasta la sangre, pero donde se obtuvo una victoria inobjetable, perfecta...
¡La cruz está vacía! Pues aunque fue la manifestación más grande del amor de Dios, fue sólo un punto en la trayectoria de la vida de Cristo en los días de su carne. Nació, vivió, murió, fue sepultado... pero resucitó y se sentó a la diestra de Dios donde intercede por nosotros.
¡La cruz está vacía! Nos está invitando a crucificarnos allí con Cristo, a morir con él, a identificarnos con él en su muerte, para que también seamos semejantes a él en su resurrección.
Muchas veces se nos presentan alternativas, como dos caminos que se abren hacia el horizonte. Son momentos donde una decisión es importante y con toda seguridad, impostergable. La cruz se yergue en un lugar como estos: en un crucero donde dos caminos se cortan,..
Por el uno, caminaron los fariseos, los saduceos y muchos del pueblo, Éstos llegaron a la cruz, y sólo vieron allí a un hombre. Por esto se llenaron de incógnitas que después se volvieron injurias. Llegaron hasta la cruz... ¡y pasaron de largo! Andaban por el camino de la incredulidad, por los que muchos aún transitan.
Por el otro camino, también con dudas y muchas preguntas, andaban los discípulos, las mujeres y algunos del pueblo. Allí transitó un ladrón que fue crucificado; hasta este lugar llegó un centurión... ¿Qué pasó después con ellos? Éstos no querían ver para creer, estos creían y buscaban entender. Este camino no pasa frente a la cruz; pasa por medio de ella: es el camino de la fe. A éstos, el Señor Jesús invita diciendo:
“Ven, sígueme; tomando tu cruz” (Marcos 10:21). Es menester dar este paso: el de identificarse con Cristo en su muerte... ¡y su resurrección! De lo contrario, la turba que anda por el camino de la incredulidad, puede arrastrarlo por él y será contado con muchos que sólo creen en parte y por tanto ven con luz difusa, quedándose sin comprender... sin proseguir tras la cruz, hacia la corona.
¿Por cuál camino transita usted ?
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