| |
Dos varones tuvieron la oportunidad de construir cada quien su casa, el primero uso, la mayoría de sus recursos en el diseño y en construcción de paredes y el acabado y decoración de los interiores, e invirtió lo mínimo en los cimientos. Terminó construyendo lo que causaba gran admiración entre los que transitaban por su casa. ¡Un palacio!
El segundo invirtió gran parte de su capital en la búsqueda de roca firme para anclar sus cimientos y con el resto construyó una casa sencilla, pero confortable y muy segura. Pocos de los que pasaban frente a ella eran impactados por lo que veían.
No tardó en venir la época de lluvias, tormentas y huracanes…
¿Cuál casa aguantó los embates de las fuerzas de la naturaleza?
¡La segunda! La que se construyó pensando en los cimientos.
Tomado de una parábola del Señor relatada en Mateo 7:24-27.
¡Cuántos hay que invierten sus recursos en mejorar su imagen externa, en buscar amistades a través de lo que tienen y ser reconocidos por la sociedad en que viven! Pero, ¿qué pasa cuando vienen días de adversidad? Los amigos se esconden, el rostro pierde su brillo y se encuentra en momentos de depresión y angustia; y cuando más los agobian las circunstancias, ¡cuántos hay que contemplan la posibilidad de acabar con su vida!
¿Qué nos enseña la parábola? Que lo importante es invertir en lo interno: el espíritu y el alma, y no en lo externo, el cuerpo.
En el alma, pueden construirse valores éticos y morales que aseguran amistades sinceras, y la cordura necesaria para no sucumbir ante lo inesperado y lo difícil de soportar.
Pero más importante que esto, en el espíritu, Dios puede construir su imagen y dar la vida eterna, que es capaz de vencer cualquier prueba.
¿Qué necesita Dios para dar esta fortaleza al espíritu?
Un corazón contrito y humillado que reconozca su condición de pecador y, arrepentido de su ayer de autosuficiencia y vanagloria, renuncie a las ambiciones de forjar su imagen externa para ser alguien entre los mortales, con el fin de entregarse a Jesucristo, reconociéndolo como Señor, pidiéndole que cultive lo interno para así llegar a ser alguien ante el Dios Eterno e Invisible que valora los sentimientos del alma y los compromisos del corazón, sobre todas las cosas.
Amigo: deténgase a pensar en qué está invirtiendo su tiempo y gastando sus energías. ¿En lo temporal o en lo eterno?
|

|