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DOS HERMANAS

Artículo
 

            Un huésped distinguido está por llegar a su hogar. -¿Qué hacer para que se sienta bienvenido?, ¿qué ofrecerle para que esté a gusto?-
Con estas y otras preguntas, las dos hermanas se distribuyen el trabajo. Una sale de compras, está pensando en lo que pondrá frente a él cuando esté a la mesa; la otra, recuerda que le gusta sentarse a platicar, y ¡qué sabias son sus palabras, cuán certeros sus consejos y cuán hermoso es pasar momentos en su compañía! Por esto, se dispone a limpiar y arreglar la sala donde será recibido y donde espera pasar momentos agradables oyendo sus palabras.
La primera regresa acalorada del mercado, con sus compras, y comienza con mucho esmero a alistar los alimentos y cuando se dispone a prepararlos… ¡Tocan a la puerta!
¿Será nuestro huésped? -se pregunta - y ve con agrado que su hermana corrió a recibirlo y lo llevó al cuarto principal que lucía arreglado y dispuesto para su visita.
Siguió con sus preparativos, había que poner la mesa, dar los toques finales a los diversos platillos, ¿y su hermana? ¡Sentada, muy tranquila, a los pies del invitado!
Sin pensarlo dos veces, entra al cuarto e, interrumpiendo la conversación, exclama: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?”
(Tomado de la narración de Lucas 10:38-42).
La primera de estas hermanas fue Marta, quien escuchó del Señor Jesús estas palabras: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

            La disyuntiva está entre las muchas cosas y la una cosa, ¿capta usted la diferencia? Las muchas cosas tienen que ver con los afanes y las preocupaciones de la vida: qué comer, qué vestir, qué comprar, qué tener… Todas ellas relacionadas con lo temporal y pasajero.
Su búsqueda absorbe casi la totalidad del tiempo y bien dicen los que así viven: No tengo tiempo para nada, ni para pensar en Dios. Además, el no obtener lo deseado llena a los más de temores y desesperación. Ésta es la triste situación de los que optan por este camino, y todo que lo son capaces de hacer es cuestionar la decisión de otros que, como María, tienen como primera necesidad, satisfacer los anhelos del corazón respecto a los eterno, lo que es de Dios.

Para muchos, esta postura es incongruente, pero su razonamiento parte de una premisa equivocada. Dicen: Ayúdate que Dios te ayudará; debiendo decir: Busca a Dios, y él suplirá lo que haga falta. Un símil muy claro está en la mayoría de los contratos de trabajo de hoy. El patrón está comprometido a suplir los útiles de trabajo y todo lo necesario para la seguridad y bienestar de sus trabajadores. Y si esto lo hacen los hombres, ¡mucho más lo hará Dios para con quienes son sus siervos!

Amigo: Su manera de vivir manifiesta claramente cuál de estas posturas es la suya. La de buscar lo terrenal y pasajero, y esperar que Dios haga algo para usted, o la de pensar en lo eterno, viviendo para servir y complacer a Dios, y creyendo que él nunca desamparará a los que le siguen y obedecen. Permítanos asegurarle que la biblia afirma que le primera postura es falsa y que la segunda es cierta, pues así lo han comprobado miles de hombres y mujeres que viven para Dios.
Dése tiempo para analizar esto, es mucho más importante de lo que usted cree.

 

Pluma


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