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ARTÍCULO IV

Artículo
 

Meditemos en la frase: “Venga tu reino”
Esta es otra petición, muy acertada por cierto, para los momentos que hoy vivimos.
Rodeados de violencia, sintiendo inseguridad, siendo testigos de injusticias y experimentado toda clase de consecuencias por las limitantes de un gobierno humano plagado de defectos, ¿quién no está buscando un régimen que sea más justo, que tenga más poder para controlar la delincuencia y más voluntad para ayudar a los necesitados y ahuyentar la pobreza? Es por esto que el ruego: “Venga tu reino”, puede estar en los labios de muchos, aún sin estar consciente de ello.

 Si Cristo gobernara al mundo, habría justicia, se vería equidad y huirían la pobreza y la enfermedad.
Pero para que esto sucediera, tendría que haber cambios profundos en los corazones de los habitantes de la tierra. ¿Cuántos estarían preparados para ello? La lista de lo que hay que eliminar del corazón es grande: ira, enojo, malicia, palabras deshonestas, fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia; además de ya no mentir y hacer que abunde la misericordia, la bondad, la humildad y la mansedumbre, y sobre todo, manifestar paciencia y dejar que toda acción esté motivada por amor (Lea Colosenses 3:5-16 para más detalles).
Cuando el reino de Dios se instale en la tierra (y tenga usted por seguro que un día así será), todo el que no se conforme a su ley y esté dispuesto a que se opere este cambio en su corazón, será juzgado y eliminado antes de que el reino inicie.

Por tanto, orar: “Venga tu reino”, es decirle a Dios: Aquí está mi corazón para que instales en él tu ley y lo transformes con tu poder. Pedir que Dios elimine la maldad alrededor de mí, pero no permitirle que la extermine en mi corazón, no tiene sentido: manifiesta que no se entiende lo que se pide.
Rogar: “Venga tu reino”, presupone que se está dispuesto a dejar aquellos placeres y aquellas costumbres que denigran, ofenden o destruyen a otros; manifiesta que se entiende que muchas de mis acciones y mis sentimientos, tales como odio, envidia e insinceridad ya no deben ser parte de mí.
Detrás de este ruego está esta oración: No soy capaz de gobernarme a mí mismo, no puedo controlar mi carácter, no sé cómo destruir mi egoísmo… Ven a mi corazón y transfórmalo, toma mi vida y cámbiala…  Creo que Cristo llevó mis pecados en la cruz para que ahora pueda iniciar una vida nueva, diferente, libre de la esclavitud al pecado…
¿Piensa que puede decir esta oración de todo corazón a  Dios?

 

Pluma


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