Interfuerza

SERIE: Padre Nuestro


Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros
deudores.
Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder,
y la gloria, por todos los siglos.
Amén. (Mateo 6:9-13).
¿Entiende cada una de las palabras de esta oración modelo?

.

ARTÍCULO V


Pasemos a la siguiente frase:
"Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra."

Decir: "Hágase tu voluntad", ya implica mucho. Estamos diciendo que no pondremos objeción alguna a lo que Dios nos indique, y que nos sometemos incondicionalmente a su autoridad.
Cierto, algunos dirán que es un deseo que pedimos que se cumpla en lo general, es decir, estamos pensando en lo hermoso que sería que todos dejaran sus puntos de vista egoístas y discriminatorios que llevan a pleitos y discusiones que generan discordias, y que se unieran bajo la autoridad de un solo Dios; algo utópico, pero deseable, aunque se ve muy lejos el día en que sea realidad. Sin embargo, Dios no trabaja de lo general a lo particular, del todo a sus partes, del vulgo al individuo, sino todo lo contrario: de una persona hacia un pueblo, de un pueblo hacia las naciones, y aún más: Dios inicia su trabajo en el corazón para así modificar las convicciones, mejorar las acciones y transformar al individuo. Por tanto, en la plegaria llamada: "El Padre Nuestro", se refiere a un deseo personal y sincero de someterse a la voluntad de Dios expresada por el individuo que levanta a su trono esta plegaria.
Esto lo fundamentamos en la frase comparativa con que termina esta parte de la oración: "Como en el cielo, así también en la tierra". ¿Cómo se hace la voluntad de Dios en el cielo? Las órdenes se cumplen con presteza y precisión, con ánimo pronto y alegría, con reverencia y humildad; confesando la sabiduría de quien da la orden y la insignificancia del siervo que lleva a cabo los detalles de la misión encomendada.
Si este es el cuadro que su mente concibe con respecto a la manera que se cumple la voluntad de Dios en el cielo, entonces está pidiendo que también en la tierra se observe este cuadro de sumisión y obediencia; pero, para estar acordes con los pensamientos de Dios, está confesando que usted se ofrece como el primer sujeto en quien desea se cumpla de esta manera y en esta forma la voluntad de Dios.

Pocos de los que repiten el Padre Nuestro de manera cotidiana piensan en el significado de esta frase. Pero su inclusión en esta oración modelo nos señala que es algo que Dios demanda de quien desea acercarse a él con alguna plegaria en su corazón.
No es tanto que se doblegue la rodilla sino que se quebrante el corazón; no espera que se rasguen los vestidos sino que se quebrante la voluntad del individuo; no son palabras que hoy se dicen y mañana se olvidan, son compromisos irrevocables que se hacen en su presencia y para los cuales se pide de su ayuda para que jamás sean violentados.

Amigo: Si desea ser receptor de las bendiciones de Dios, analice con mucho cuidado la intención de su corazón. La mirada de Dios penetra hasta lo más profundo de nuestro ser y ve deseos y anhelos que tal vez ni aun nosotros entendemos a profundidad, porque apenas se están gestando en nuestra alma o en nuestra mente.
Dios pide, de inicio, nuestro corazón, y con él nuestra mente, nuestra alma y nuestras fuerzas, es decir, la manera en que pensamos y razonamos, lo que anhelamos y las metas a las que aspiramos y todo lo que hacemos y podemos hacer con nuestro cuerpo. Dios, lo puede arrebatar, también puede eliminar a los rebeldes, tal cmo lo hizo en los cielos cuando destituyó de su lugar a Satanás y sus ángeles, pero no lo hace, aún, por tanto, no aplace el momento de rendirse totalmente a los pies del único y soberano Dios. Un día esto ya no será posible, pues ciertamente el momento en que su voluntad se haga en la tierra como se hace en el cielo llegará, y quienes no se hayan rendido a su voluntad serán lanzados al lago de fuego donde será el lloro y el crujir de dientes.
Déle hoy su corazón a Dios, mientras aún es tiempo, y exprese con sinceridad: "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra."

Envianos tu duda o comentario sobre este artículo / Imprime (PDF)


Responsable: Publicaciones "El Sembrador".
Para escuchar su punto de vista nos ponemos a sus órdenes en elsembrador@elsembrador.org.mx