"Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre" (Pr.1:8).
La instrucción y dirección son como un yugo que unen los hijos a los padres; Dios lo impone. Hay promesa para el hijo que atiende a ellas: "Adorno de gracia serán a tu cabeza y collares a tu cuello" (v. 9). La instrucción y dirección que se atiende y se aprecia será para todo hijo como la guirnalda que reciben los vencedores, un adorno al corazón y dignidad ceñirá su fortaleza. "Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre" (Fil. 4:8) serán sus pensamientos; lo que se aprende y recibe y oye y ve se debe hacer; "y el Dios de paz estará con vosotros" (Fil. 4:9).
Llevar el yugo hará que la cabeza se mantenga con la mirada al suelo y el cuello doblado en sumisión, cuadro ideal para que tanto los padres al recibirlas de Dios, como los hijos, reciban las hermosas lecciones que habrán de aplicar al surco de la vida diaria.
Habrá obstáculos que se interpondrán; la brecha generacional y la autosuficiencia, serán argumentos que expondrán los hijos; por el lado del padre, entre los argumentos que les podremos atribuir están: las muchas ocupaciones, el exceso en provisión o la mucha escasez, suele argumentarse las dos cosas; la descomposición de la familia por menosprecio a los valores y en algunos casos más, la desintegración de la misma por divorcios, abandono, etc.
El campo en el que se va a arar es difícil, porque es engañoso (v.10). Es un campo de violencia donde la vida no vale nada y el dinero fácil, es el anzuelo, sin que se piense que es la propia vida la carnada (v.11,13,18). Cuántos jóvenes optan por este camino, lo triste es que lo hacen conscientes de que saben a lo que van, echando sobre las espaldas no sólo el valor de su vida sino también la de los demás. No es difícil para muchos considerarlo como un camino viable, argumentándose la falta de bienestar o el deseo de prosperar como razón para incursionar en este estilo de vida, pero, ¿y Dios? Tanto al creyente como el que no lo es, Dios por su Espíritu y por la voz de la conciencia, hablan: "Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas" (v. 15).
Estimado Joven y Señorita: Por qué echar tu suerte a una bolsa de impiedad cuando esta puede estar en las manos de aquel que tiene respuesta a todas tus dudas e inquietudes, aunque te sientas desorientado y solo, creyendo que tus padres ya no pueden hacer nada por ti; o por qué echarla creyendo que eres autosuficiente y que en cualquier momento la puedes volver a tomar, cuando muchas de las veces ya es demasiado tarde porque ya estás atrapado en las drogas o en la red de la delincuencia (v. 14).
Si has puesto acechanza a tu sangre y tendido lazo a tu alma, sólo Cristo es quien puede librarte, pero tienes que pedirlo: "¡Señor, sálvame!" (Mt. 14: 30).
Las Escrituras son la fuente de toda instrucción, por eso se debe escuchar la voz del Señor que dice: "Persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste. y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" ( 2 Ti. 3:14-17) .
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