Un yugo es un artefacto con el que se unce a dos animales formándose una yunta para trabajar. Así pasan parte del tiempo juntos, haciendo la labor, la cual, por el yugo que llevan ambos, es armoniosa.
Comenzamos definiendo estas dos virtudes misericordia y verdad como la práctica de la bondad de un corazón que se ha aplicado en el hacer de la virtud divina y cuyos actos, son propios de la fe que busca ayudar al necesitado
Caminar uncidos a la misericordia y verdad es algo que se requiere hacer siempre, es nuestro deber; es más que la vida cotidiana pero debe procurarse que se vuelva cotidiano. Bajo esta consideración es un caminar de piedad.
El camino de la una allana al de la otra sin que desaparezcan las huellas dejadas, ya que tanto una como la otra virtud las hacen más patentes y muestran a un hijo responsable y obediente.
Esto último no es simple, ni es algo trillado, realmente los efectos de la misericordia y verdad en la vida del joven o señorita creyente deben impactar en sus decisiones y vida de obediencia a Dios. Con razón Pedro escribió de las "pisadas" del Señor (1 P. 2:21) ¡Qué ejemplo más maravilloso nos da el Señor en esto!
Pensemos ahora en los consejos que se dan para que la misericordia y verdad no se aparten.
"Átalas a tu cuello"
Atar es una acción que requiere fortaleza y, hasta cierto punto, destreza, cuya finalidad es fijar o sujetar algo. Ahora bien, la acción se aconseja hacerla en el cuello, que es un punto de fuerza en el cuerpo, es el sitio específico para uncir el yugo y un lugar visible para todos alrededor. Nótese que lo que se ata y el sitio dónde se ha de atar, concuerdan en fuerza. Luego entonces, ¿qué han de mostrar el joven o la señorita creyente al caminar uncidos a la misericordia y verdad? Firmes convicciones y determinación en el andar, lo cual es posible por una competencia y destreza especiales (2 Co.3:4-6), así como por decisiones sabias (Mt. 11:29; Col. 3:12).
"Escríbelas en la tabla de tu corazón"
El consejo a reeditar el libro de un corazón, cuyas páginas ahora contengan un texto diferente que interactúe con la mente, haciendo lo que a cada cual le corresponde: que la mente no se olvide para que el corazón guarde.
La juventud es buen tiempo para esto, los beneficios son innegables y de valor eterno (2 Ti. 3:14-17).
La recompensa (Pr. 3:4), si se siguen estos consejos, es de tomarse en cuenta y debe motivar el alcanzarla un cuadro que debe estar presente ante los ojos del joven creyente: el cuadro de la cruz. Nada tiene sentido si no se vislumbra en la cruz el encuentro de la misericordia y la verdad. Allí fue donde la justicia y la paz se hicieron posibles (Sal. 85:10). Allí es donde se comienza el andar en la verdad, "porque tu misericordia está delante de mis ojos" (Sal. 26:3).
¡Larga vida, en paz, jóvenes, aquí está el secreto! (Pr. 3:2).
Haz tuya esta oración: ¡Señor, si los ojos del hombre algo ven en mí, que vean tu gracia y buena opinión (Pr. 3:4).
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