Interfuerza

SERIE: Evangelismo

LA MUERTE

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"Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás." (Gn. 3:19). Desde que estas palabras fueron pronunciadas, inexorablemente se han venido cumpliendo y para "todos los que habitan en casas de barro, cuyos cimientos están en el polvo" (Job 4:19), tarde o temprano, también se cumplirán, porque a "la casa determinada a todo ser viviente" (Job 30:23), todos tendremos que llegar, y es que la muerte no se sacia (Hab. 2:5), sin embargo, a favor del hombre está la obra de Cristo en la cruz.
Estimado lector, con estas palabras introductorias le queremos invitar a que medite en lo frágil de su vida, en lo inevitable de la muerte, pero además, en la obra de Cristo hecha a su favor.

Lo frágil de su vida
Casa de barro con cimiento de polvo, ¡cuánta fragilidad! Poco o nada se puede hacer para cambiar esto: tratamientos o métodos para contrarrestar lo indefenso que se es en la vida resultan todos inútiles, y muchas veces, quienes se someten a estos, parece que ya son, en vida, inquilinos de "la casa determinada a todo ser viviente" (Job 30:23). Estas son algunas de las cosas que el hombre hace para luchar contra su fragilidad: chequeos médicos exhaustivos y lo más frecuente que sea posible, reparación y mantenimiento en boca, ojos, oídos, corazón; y si le es posible, cirugías estéticas, fe en innumerables productos milagro, fuertes sesiones de ejercicio corporal y dietas rigurosas, etc. ¿Cambia esto en algo a lo determinado por Dios? ¡En ninguna manera!, ¡pues polvo eres, y al polvo volverás! (Gn. 2 : 19).

Lo inevitable de la muerte
"Un mismo suceso acontece a todos" (Ec. 9:3). Con esta frase remarcamos lo forzoso que es la muerte. ¿Quién o qué podrá evitarla? Si pensamos en riquezas, estas no pueden hacerlo, pues tanto muere el pobre como muere el rico (Lc. 16:22), además, la Palabra de Dios dice claramente que el hombre, "rico se acuesta, pero por última vez; abrirá sus ojos, y nada tendrá" (Job 27:19). Si pensamos en fuerza física, tarde o temprano está irá cediendo al paso del tiempo, a tal grado que "temblarán los guardas de la casa,... se encorvarán los hombres fuertes,... cesarán las muelas. se oscurecerán los que miran por las ventanas;... las puertas de afuera se cerrarán,... todas las hijas del canto serán abatidas;... se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna" (Ec. 12:2-5). Si pensamos en sabiduría, ni el más vasto conocimiento de los hombres podrá constituirse en un muro infranqueable ante el cual la muerte huya despavorida; la muerte se lleva al sabio y al ignorante. Y es que en el sepulcro, "a donde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría" (Ec. 9:10).

La obra de Cristo hecha a su favor
Estimado lector, lo antes escrito ciertamente es desalentador, pero es lo que Dios ha determinado, sin embargo, a través de la obra de Cristo hecha en la cruz se cumplen cabalmente estas palabras: "Sorbida es la muerte en victoria", y son estas palabras la confirmación de que la muerte es un enemigo derrotado.

"¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (1 Co. 15:55) Es un grito de triunfo para todo aquel que ha confiado en la victoria de Cristo, lograda a través de su propia muerte. ¿Usted ya lo hizo?

Sólo la fe puesta en el sacrificio de Cristo torna lo desalentador en consuelo y victoria.

"Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo" ( 1 Co.15:57).

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