Interfuerza

SERIE: Evangelismo

LO QUE VALE EN VERDAD

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En ocasiones, cuando la vida gira en torno al dinero y éste se hace indispensable para mantener el amor del cónyuge, el respeto de los hijos o el aprecio de los parientes y amigos. Cuando después de vivir acostumbrado a las comodidades que el dinero da, su carencia, escasez o la demora en su obtención lleva a veces a perder todo interés en seguir viviendo, sin mencionar que antes ya se pudieron haber perdido valores tales como la dignidad, la esperanza o la confianza.

El aspecto emocional se ve afectado de manera tal que, la depresión, la desesperación, la tristeza y la angustia vienen siendo ya estados de ánimo recurrentes en la vida de la persona y lo que es peor, no hay el deseo de buscar en Dios la solución, no precisamente la material o la afectiva, sino la que tiene que ver con el corazón, que se ha descompuesto y que debe buscarse sea restaurado para bien de la vida misma. ¿Qué hacer, vivir deseando morir para librarse de este sufrimiento?

Las palabras que leerá a continuación, estimado lector o lectora, fueron dichas por el Señor Jesucristo: "La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (Lucas 12:15).

Con tales palabras el Señor Jesucristo invita a cambiar el concepto que debe tenerse de la vida, porque ésta es más valiosa que la casa, el automóvil, el electrodoméstico, etc., que pudieran haberse perdido, o que nos estuviera haciendo falta, por lo que pretender que la felicidad o bienestar, gire o se mantenga alrededor del dinero y de tales bienes, no es lo mejor que se pueda desear, pues el dinero, al ser pasajero, y algo que hoy se puede tener y mañana ya no (Pr. 23:5), hace inseguro e incierto todo lo que se ponga o descanse sobre él, además, la Biblia califica el amor al dinero, como raíz de todos los males y un factor que impide tomar decisiones determinantes en la vida (1 Ti. 6:10 Mt.19:22). La vida es brega, es soplo (Job 7:1,7) y por esto, no se puede reducir al bienestar temporal que el dinero pueda brindar; la capacidad y fuerzas para trabajar van decayendo y se debe estar preparado para cuando esto se presente. Esta preparación debe abarcar una buena administración de los recursos que en principio, debió reconocerse, provenían de Dios; el ser humano muy rara vez hace esta reflexión, por eso es de suma importancia preguntar: ¿Dónde estuvo Dios durante la etapa que hubo abundancia, o lo necesario para subsistir?

Es dolorosa la falta de recursos materiales, pero lo es más la falta de recursos espirituales. El que Dios no sea el primero, ni se le considera el dador de toda buena dádiva, es un mal de muchos.

Arreglar la relación con Dios es arreglar lo que es posible arreglar. Esto debe ser la preocupación principal de aquel que esté pasando por esta experiencia: La lección es dura y el camino difícil, pero con una gran diferencia, la vida en tratos con Dios, garantiza una cosa: él nunca va a fallar y su amor nunca se va a extinguir ni a devaluar, porque no es efímero. No hay duda que pueda resolver el problema dinero, pero si no lo hiciere, se podrá aprender a vivir con lo necesario, así como un día se hizo en la abundancia. Eso si, Dios va a poner en el corazón la capacidad para aprender y poder soportar lo que hoy parece imposible.

Necesita creer en Cristo (Ro. 10:8-17), poner su fe en él, sólo así podrá ser perdonado de sus pecados (Ro. 5:1). Pero antes tiene que arrepentirse y reconocer que ha hecho mal poniendo toda su confianza en las riquezas, siendo estas ningunas (Pr. 23:5). Confiésele su ingratitud su olvido, su miedo y que no quiere hacer nada que sea irremediable. Dígale que lo salve, que cree usted que murió en la cruz, para salvarlo y porque lo amó. Ábrale su corazón sinceramente y pídale ahora que le enseñe a vivir con lo poco que tiene.

Recuerde siempre, su vida es preciosa para Dios, tanto que por eso permitió que su Hijo diera su vida por usted en una cruz. ¡Entiéndalo, no hay nada más cierto que esto!


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