Interfuerza

SERIE: Nombres del evangelio

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EL EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS

"Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24).

Entendamos esta frase que denomina al evangelio como la forma en que fluye la buena noticia, la grata nueva, el mensaje de Dios al pecador, concediéndole, favoreciéndole, sin que el hombre tenga que retribuir con algo que no sea fe y gratitud a eso que inmerecidamente recibe.

Que es la forma más tierna y sublime, nadie puede dudarlo, y es que para hacer volver al hombre, desconfiado sí, pero endurecido por su maldad, se requería precisamente de gracia, algo así como la presentación del regalo de Dios en la mejor envoltura, para que el hombre haga sólo lo que tiene que hacer: extender su mano y recibirla.

Estimado lector, considere lo que sigue y tome usted la decisión de aceptar el evangelio de la gracia.

En el Antiguo Testamento la gracia fluye a través de la misericordia de Dios, esto es evidente en José (Gn. 39:21) quien es llevado por caminos difíciles, pero Dios, en su gracia, le prodiga cuidados cariñosos y tiernos, mismos que podemos decir, culminan de manera maravillosa, cuando Moisés pide para sus descendientes las mejores bendiciones de parte de aquel cuya gracia habitó en la zarza (Dt. 33:13-16). Agregamos a esto lo que desprendemos de la lectura de Oseas 14: 1,4 en donde Dios promete salud y amor de pura gracia al pueblo de Israel, y esto debido a que su ira se apartó de ellos. La buena noticia para José bien podemos decir estaba encerrada en una paradoja, es decir, estás en la cárcel injustamente, pero Dios está obrando a tu favor, para que te des cuenta que tus circunstancias están controladas por él, por lo que todo saldrá conforme a sus planes. La buena noticia para Israel, que está caído por su pecado, es que la ira de Dios se ha apartado de ellos.

Al pensar en el evangelio de la gracia hoy, este nos lleva a un hombre: Jesucristo, "lleno de gracia y de verdad" (Jn. 1:14), a través de quien fluye la gracia de nuestro Dios, ya que "la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Jn. 1:17; Hch. 15:11; Ro. 3: 24; 5:2,15).

El evangelio de la gracia de Dios en la persona de Jesucristo, vida y obra, es el mensaje de Dios para el hombre, plasmado en la obra cumbre de la cruz. El mensaje es: a) "la paga del pecado es muerte", es decir, por el pecado merecíamos morir, pero Cristo muere en nuestro lugar; b) "mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro". Es muy claro y entendible lo que la gracia hace, cambiando en vida eterna el destino de condenación que por el pecado pendía sobre nosotros (Ro. 6:23). Indudablemente la gracia es una gran bendición pero considere también lo que enseña: a) renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos; b) vivir en este siglo sobria, justa y piadosamente; c) aguardar la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. ¿Por qué hacerlo? Porque se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras (Tit. 2:11-14).

Atendiendo a las palabras de nuestro texto clave, que plantea algo todavía aún más excelente que la satisfacción personal, aprendamos que la vida a la que debe aspirar el siervo, deberá tener diferente expectativa, afín a la gracia que lo salvó.
Buscar una vida cómoda o sin complicaciones en la tarea de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios, es contrario a lo que Cristo y sus siervos hicieron (Lc. 9:58; 2 Co. 8:9; Fil. 4:11-13).

¡Gracias a Dios por su don inefable (2 Co. 9:15)!

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