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En el desarrollo de los acontecimientos ocurridos durante el nacimiento de Jesucristo, los ángeles tuvieron una activa participación la cual describimos a continuación:
El ángel Gabriel, su nombre significa hombre de Dios o fuerza de Dios, fue enviado a la ciudad de Nazaret (Lc. 1:26), ciudad donde vivía la virgen María.
La manera como Gabriel saluda a María es de las más distinguidas y de exquisita consideración, bien podemos considerarla una salutación celestial (Lc. 1:28).
Gabriel considera tres cosas de María: a) Es muy favorecida, es decir, que Dios se ha inclinado por ella para llevar a cabo sus planes; b) Que el Señor estaba con ella; porque su vida la vivía en piedad y, c) Que era bendita entre las mujeres, es decir, por ser de entre muchas, la elegida, la hacía especial.
¡Qué misión tan importante se le encomendó a Gabriel! Llevar un mensaje a esta mujer: que había hallado gracia delante de Dios, porque María era la mujer escogida para que a través de ella, tuviera lugar el milagro de la encarnación (Lc. 1:31). (El mensaje del ángel también revela el linaje divino del Niño y su estirpe real, así como lo eterno de su reino (Lc. 1:32,33))
Ante una duda de María, Gabriel la disipa con un argumento contundente: “nada hay imposible para Dios” (Lc. 1:37).
El ángel cumple su misión y María expresa su total acuerdo a lo que el angelical mensajero le ha anunciado con estas palabras: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia”.
Cuando José pensaba dejar a María porque se halló que había concebido del Espíritu Santo (Mt. 1:18), el ángel le convenció de que no lo hiciera, explicándole los detalles tan especiales de la concepción y la misión que llevaría a cabo el niño que María llevaba en su vientre (Mt. 1:20,21). Por esto, José hace lo que el ángel le había mandado (Mt. 1:24).
Meses después, cuando ya había nacido el niño y para protegerlo de la matanza que había ordenado Herodes; el ángel manda a José que huyan a Egipto, donde permanecen allí hasta la muerte de Herodes (Mt. 2:13,19).
Es también relevante lo sucedido a los pastores; aquí, cuando el ángel se presenta, la gloria del Señor rodea a los pastores y el mensaje del que el ángel es portador es “he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lc.2:10-11).
Los ángeles cumplen bien las órdenes de Dios y han sido portadores de gratas nuevas a la humanidad, como la que hemos descrito. Sin embargo, los hombres tenemos mayores privilegios de cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles (1 P. 1:12). Una de ellas es cuando “Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:5-8).
¿Pensamos en esto durante la Navidad?
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