Interfuerza

SERIE: Personajes de la Navidad

LOS MAGOS
(Mateo 2:1-12)

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El nacimiento de Jesucristo no pasó desapercibido para la ciencia, y el acontecimiento de los magos así lo demuestra (v. 1). Los magos del oriente no eran en sí, lo que hoy conocemos como magos; eran astrónomos, sabios, con recursos tecnológicos muy limitados como los modernos, pero en este caso particular, tenían la revelación y ayuda de Dios que los llevó a fijar su atención en un astro que brillaba de forma diferente, y lo más asombroso, que permanecía sobre un punto geográfico específico, Belén.

La distancia no fue impedimento para estos hombres, los guiaba una fe que estaba convencida acerca de un acontecimiento cierto y seguro: había nacido un rey (v. 2).

Llama la atención que vinieran a Jerusalén (v. 2) y no fueran directo a Belén. ¿Consideraron que la ciudad más importante de Israel estaría celebrando tan sin igual acontecimiento y que allí recibirían la más completa información de lo sucedido? ¡No fue así! Esa ocasión y eventos subsecuentes en la vida del Señor lo demuestran, de ahí sus palabras dichas años después: “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” (Lc. 19:42); “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste” (Mt. 23:37)!

La ciudad no esperaba a su rey, sumida en un absurdo ritualismo no alcanzaba a entender que algo muy importante había sucedido, solo se turba. Su turbación (v.3), vino a ser la reacción de una ciudad insensible y si acaso, un duro golpe a sus conciencias.

La condición de la ciudad se hace manifiesta en sus maestros y religiosos, los cuales muestran tal indiferencia e incredulidad que sólo atinan a citar la profecía que no les mueve a nada, ni se inmutan, a pesar de que el profeta, además de citar el lugar donde nacería el rey que los magos iban buscando, también contenía una promesa de bendición a Israel (vs. 4-6): las Escrituras eran letra muerta para ellos.

Después de esto los magos siguen su camino, y así recorren los nueve kilómetros y medio que los separan de Belén. “La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño” (v. 9).

Ver la estrella que les estaba señalando el final de su viaje hizo que los magos se regocijaran con muy grande gozo (v. 10), pero aún faltaba lo mejor, ya que ellos no iban siguiendo sólo la estrella, iban siguiendo algo mejor, al niño Rey, a quien por fin hallaron.

El viaje no había resultado infructuoso, tenían ante sí a un Rey, por eso lo adoraron. Por eso abrieron sus tesoros y le ofrecieron presentes, que son en sí, bastante elocuentes: oro, así reconocían la divinidad del Rey; incienso, reconociendo con ello la dignidad del Rey; y mirra, con la que profetizaban el dolor del Rey (v.11).

La historia de los magos termina con la intervención divina, avisándoles que no regresen a Herodes y que vuelvan a su patria por otro camino (v. 12).

Apreciado lector, ¿qué piensa al leer sobre la historia de los magos? El mundo de hoy la ha reducido a algo totalmente diferente. Medite en ella, platíquela a sus hijos. Esta es una historia de fe, de búsqueda, de darle a las Escrituras el valor que merecen, pues allí está revelada la verdad de Jesucristo, con quien es necesario tener un encuentro y darle la vida entera, para que en esa vida, él sea su Salvador, su Señor y su Rey.

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