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Uno de los hermosos nombres que le fueron dados al Hijo de Dios, cuando vino a este mundo, fue Jesús; el ángel daba la razón de esto: “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21).
Cinco letras componen el nombre Jesús y con él se revela una verdad muy grande: sólo él es Salvador. Esta verdad el hombre la ha desdeñado, al quitarle a la Navidad el sentido profundo que tal nombre le da, convirtiéndola en lo que vemos: fiesta, en vez de amor y gratitud.
Hay muchos que creen en el error de su religión, otros más buscan afanosos la verdad, pero la verdad de las palabras dichas por el Señor Jesús: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16), (simple y sencillamente, no se creen, se desprecian).
¡Oh hombre, cuánta responsabilidad la tuya! ¿Qué le dirá a su Hacedor cuando le pregunte: qué hiciste con Jesús? Nada le hace volver sus ojos al cielo, para buscar remedio a su triste situación; nada le hace meditar en su corazón que está realmente en peligro de perderse. Ni la historia hermosa de la Navidad que culmina en el Calvario, donde allí murió el Señor Jesús, han despertado en usted el mínimo interés que le ayude a entender que ciertamente él vino a morir por sus pecados.
Vive su vida sin Dios y no quiere reconocer su condición de pecador perdido, ¡hombre! El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10). ¡Y usted, si vive lejos de él, está perdido!
“La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro. 6:23). ¿Cristo murió por el pecado que le tiene en ruinas y usted aún quiere vivir así?
No es tarde para que reconsidere el camino andado y creer en Jesucristo como Salvador.
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