Interfuerza

SERIE: EL REY


Las ofertas del Rey son rechazadas.


El rechazo de una oferta duele; mucho más cuando en ésta se ha puesto de manifiesto el amor de quien la ofrece. Busquemos sentir el dolor que causaron las palabras: "y no quisiste" (Lucas 13:34). No pensemos en la necedad, insensatez e ingratitud del que dijo: "No quiero"; tratemos de entrar en el corazón lacerado del que escuchó la voz arrogante del autosufi ciente que dijo: "No te necesito".

De Colosenses 2:12-15 podemos elaborar la siguiente alegoría:
Estamos en una plaza donde se lleva a cabo una subasta de esclavos.
El vendedor presenta a su público las excelencias de su mercancía, buscando esconder las enfermedades y carencias de aquellos que le habían servido por años, teniendo como paga el flagelo y la mazmorra.
Un hombre de la nobleza, con autoridad para terminar con esa denigrante escena, se detiene y ve la docena o más de hombres, mujeres y niños sujetos con grillos y cadenas.
Ve sus cuerpos cubiertos de llagas, que sus escasas ropas no pueden cubrir; delatan exceso de trabajo y ausencia de cuidados y alimentación, pero, al mirar sus rostros, endurecidos por el calor y espectrales porque ya su esperanza murió; ve tras sus heridas y sus marcas de dolor… y para sus adentros exclama:
“Estos son míos, estos son los que con engaños me fueron robados y seducidos. Estos antes comían manjares a mi mesa…”
Tiene en sus manos los documentos necesarios y suficientes para demostrar que son sus hijos, pero no quiere discutir con quien hoy aparenta ser su dueño, y se acerca a aquel que los vende y paga el precio que se pide.
Uno a uno los papeles se firman y a su vez son endosados a favor de cada esclavo. Las manos que antes estaban atadas con grillos y cadenas hoy sostienen un documento que atestigua su libertad y le devuelve su nombre.

Cuando la admiración disminuye y pueden ver a su alrededor, observan sobre el estrado a aquel que había dicho ser su dueño, siendo ahora exhibido como engañador y seductor; los documentos falsos son destruidos y la verdad queda manifiesta: con trampas y mentiras aquel antiguo patrón había extraído sus fuerzas y llenado sus vidas de terror.
Por la vereda de la derecha, se aleja, solo, el príncipe que había logrado la total libertad de los esclavos, y por el camino real, alabado por su astucia y crueldad, va el antiguo patrón, rodeado de una multitud que, cegada por su egoísmo y hambrienta de injusticia y maldad, le siguen, aclamándolo como el paladín de su ambición.
El más pequeño de aquellos esclavos que ahora tienen su amplia libertad, pregunta con voz clara y sincera: "Mamita, nosotros, ¿con cuál de los dos nos vamos?"
Usted, ¿a quién sigue? ¿A Cristo, quien pago su rescate en forma total? ¿A aquel que con engaños lo tiene atrapado en el pecado? La decisión es suya.

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