Interfuerza

Serie: Varones conforme al corazón de Dios


TESTIMONIO AGRADABLE A DIOS.


La historia de Enoc (Heb. 11:5) nos enseña que nuestras acciones deben dar como resultado un testimonio que agrade a Dios, sin importar que el medio o las circunstancias en que se viva sean adversas.
Caminar con Dios (Gn.5:22) , es el secreto para lograr un testimonio como el de Enoc.
Dejar de caminar en los caminos propios, que son los mismos de los pecadores, hace posible un caminar perfecto (Sal. 18:32) y así no hay el peligro de extraviarse, ya que ahora es el Señor quien dirige el camino y quien cuenta nuestros pasos (Job 31:4).
Entregar a Dios la voluntad, de tal modo que él gobierne todas las áreas de la vida y poner también en él toda la confianza para entender que todos los anhelos y proyectos que se puedan tener en la vida, primero deben pasar bajo el escrutinio divino para su aprobación, porque sólo así habrá éxito, eso es caminar con Dios. Sin embargo, no es necesariamente algo que todo hombre desea hacer, pero debe ser algo que deberá hacer todo aquel que como Enoc, ve que a su alrededor no existe interés en buscar a Dios ni hacen de él la principal razón para vivir.
La piedad de Enoc puede decirse que fue de una conducta totalmente opuesta a la de los hombres de su época, por eso se puede decir de él, con razón, que practicó la presencia del Señor; sin embargo, lo que llama nuestra atención es lo que tuvo que hacer y a lo que se enfrentó durante su vida, ya que será lo mismo que deba hacer todo aquel que quiera caminar con su Señor.
Contender "ardientemente por la fe" (Jud. 3). La carta de Judas nos da un panorama de la conducta de los hombres del tiempo de Enoc; cuán difícil debió ser para este hombre de Dios caminar con él, en medio de circunstancias de impiedad, libertinaje, necedad, rebeldía, blasfemia, corrupción, codicia, vanidad, desvergüenza (Jud. 4, 8, 10, 12,13). En medio de todo esto Enoc profetizó, y el mensaje de Dios que proclamó fue de juicio "contra todos" y sentencia para "dejar convictos a todos", probando la culpabilidad del hombre al decir "estos son" (Jud. 15). ¡Qué manera de contender por la fe!
Siempre será oportuna la exhortación a contender ardientemente por la fe, sobre todo, cuando las circunstancias actuales son iguales o peores que las del tiempo de Enoc, y el creyente lo debe hacer, convencido de que en su experiencia, al caminar con Dios, se van obteniendo principios firmes y convicciones, además de todos los recursos y argumentos de fe que norman la propia vida, la moldean y la construyen, para parecerse cada vez más, a uno que vive cerca de y con el Señor (Hch. 4:13), lo que prueba que "ya no vivo yo, más vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gá. 2:20). Sin embargo, hacer esto en nuestro tiempo, pareciera que debe estar regulado por las prácticas humanas de generalidad, lo socialmente correcto o todo lo que quede bajo el tamiz de no contrariar al prójimo en sus derechos fundamentales. El que camina con Dios no debe encontrarse ante un dilema por esto, ya que si bien es cierto, no seremos hombres de la talla de Enoc o de Juan el Bautista, tampoco debemos dejar de llamar por su nombre al pecado ni tener consideración alguna por los "hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo" (Jud. 4); todo esto con una proclama poderosa, que contenga el mensaje de Dios.
Transpuesto para no ver muerte (Heb. 11:5) lo podemos entender también como el resultado de un actuar en vida que deja un testimonio poderoso en hechos que perdurarán y que habrán de denunciar la corrupción que puede contaminar al hombre.

Las condiciones para ser feliz en esta vida deben estar reguladas por la manera como caminamos con Dios, por eso:
"Bienaventurado el hombre... en cuyo corazón están tus caminos. Irán de poder en poder" (Sal. 84:5,7).

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