Interfuerza

SERIE: Vida cristiana.


PARA SER MUTUAMENTE CONFORTADOS


"Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí" (Romanos 1:11,12).

Asistir al templo a escuchar la Palabra de Dios es una práctica cristiana que para quienes amamos al Señor, es de mucha estima. Rogamos mucho no vaya a caer en desuso por causa de alguna pésima ocurrencia humana que argumente que esta faceta de la vida cristiana pueda ser tachada, por las normas humanas, de obsolescencia o de lo que pasa de moda, para así imponer cómodas formas de lo que es en parte, el vivir con Cristo, como si ya el vivir con Cristo no tuviera tantas amenazas y afectaciones provocadas y aceptadas por los mismos que dicen caminar con él.
Cuando usted encamina sus pasos a la Casa de Oración, allí donde creció en la fe, o donde conoció a su Salvador, o a donde lo llevaron bondadosas amistades que vieron en usted la necesidad de salvación, y que usted acudió, tal vez por curiosidad o porque realmente entendió su necesidad, ¿qué piensa?
Considere lo siguiente y verá que hay mucho que cuidar para que esta práctica cristiana sea en verdad de provecho.
Asista creyendo que su necesidad va a ser suplida porque va usted a oír la Palabra de Dios. Esta es la correcta actitud del alma sedienta que busca satisfacer su necesidad con el agua de vida, pues cree que Dios le va a hablar, el que sabe perfectamente bien por lo que está pasando en esos momentos y que es, además, quien tiene la solución a su problema y la respuesta a sus dudas
Nunca vaya imbuido de autosuficiencia pensando que nadie puede aportar algo más al acervo cultural bíblico que ya tiene acumulado. Lo cual, sí, será o puede ser un gran acervo, pero que por pensar así nada ha hecho para que entienda que Dios todavía sigue hablando.
No deje a los niños en casa, llévelos a escuchar la Palabra de Dios, pero no propicie que su estancia allí se convierta en un día de campo, correteando de aquí para allá, con botanas, refrescos y dulces. Enséñeles reverencia.
Entienda que el Señor va a hablarle a su corazón, no a su celular, por eso, mejor déjelo en casa. Un imprevisto no es más que su Señor.
No vaya a dormir ni tampoco vaya sólo para matar el tiempo, quien esto hace, tendrá sus sentidos en todo: fútbol, trabajo, novia, novio, quehaceres, etc., menos en lo que realmente importa.
No vaya pensando en socializar, para eso están los clubes diseñados a propósito para esto; ni en hacer relaciones o negocios: deje en casa catálogos, solicitudes de empleo o curriculum vitae.
Tampoco vaya pensando que el lugar es la mejor pasarela para lucir lo último que adquirió de la moda.
No vaya a provocar problemas con chismes o murmuraciones.
Si es varón, compórtese como tal y sirva; si es mujer, recuerde que usted tiene un lugar bien definido en la congregación, y no es precisamente el de activista femenino.
No vaya pensando que esa mañana le reveló el Señor su voluntad y que esta tiene que ver con la señorita o joven, hermana o hermano en la fe que se sentó el domingo anterior a su lado.
Si es usted el pastor no vaya pensando en cuánto dinero se va ofrendar ese día o cuánta gente se va a congregar, deje esto como resultado de la buena enseñanza y al empeño con el que trabaje.
Sólo vaya, no deje de hacerlo, al ir, esto lo dice nuestro texto de referencia, manifiesta una fe que es común a otros que como usted, también irán, y lo más importante, tendrán la oportunidad de comunicarse algún don espiritual y ser confirmados y confortados mutuamente.
Tal vez alguien ose decir que lo escrito es intrascendente, ¿lo es? Otros más pensarán que nada dice el hecho que los Evangelios registran, que el Señor Jesús fuera a las sinagogas, como era su costumbre (Lc. 4:16). Esto y más podrá decirse y pensarse, pero de que se pierde, y mucho, al no congregarse, se pierde.
"No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca (Hebreos 10:25).

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