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La Causa de Cristo


Reflexión
 

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo (Mateo 5:11).

El Señor Jesucristo termina esta parte del Sermón del Monte así, colocándose entre la felicidad y el vituperio, acompañado de persecución y calumnia. ¡Admirable paradoja! ¡Dicha, a cambio de sufrimiento!

Renunciar a una vida tranquila y  cómoda por una vida de   sufrimientos no parece ser lo que nadie, humanamente hablando, desearía hacer; sin embargo, las palabras del Señor  pronto encontrarían eco en boca de dos hermanos, quienes, ante la pregunta del Señor Jesus: “¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?”, respondieron valientemente: “Podemos”, cumpliendo más tarde uno de ellos: Jacobo, que moriría a espada; y así,  desde que fueron dichas estas palabras y  hasta nuestros días, indefectiblemente han estado ocurriendo, pues muchos, en resuelta abnegación,  han cambiado dicha por sufrimiento (Mateo 20:22; Hechos 12:2).

No ha habido generación en la que no haya testimonio de esto. Quienes han amado a su  Señor han muerto a espada, crucificados, decapitados, atormentados, azotados, encarcelados, apedreados, aserrados, maltratados, quemados en la hoguera, etc. Como dice el autor de la carta a los hebreos, tiempo nos faltaría contando de ellos, y sólo decimos: “De los cuales el mundo no era digno” (Hebreos 11:32,38).

 Pero, ¿por qué  el Señor Jesucristo causa tal abnegación, y a tal grado que la vida misma sea desestimada? Esta pregunta tiene su respuesta en el Calvario; allí, la persona más maravillosa, expresaba esto de su sufrimiento: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos” (Salmo 16:6) y dejaba, con sus heridas, su afrenta y humillación, las marcas de sufrimiento para todo aquel que quisiera portarlas y ser Bienaventurado. ¿Qué puede decir ante tal abnegación? ¿Cuál es su respuesta a esto, si entiende que Cristo lo hizo por amor a usted?   

Hasta tu cruz, Señor, vengo a verte…
Quiero dejar atrás lo que he vivido,
Saber de tu dolor me ha conmovido,
Que sólo quiero ahora complacerte.

Si he de sufrir, mi Dios, tú hazme fuerte,
Pues tú sabes que yo nunca he sufrido,
Más por tu amor, aquí estoy, decidido,
Para ser semejante, a ti en  tu muerte

Aquí está  lo que creí que era,
Es todo aquello que por mí forjara
Sin que ni siquiera en cuenta te tuviera.

Y si útil te es, a tu manera,
Ponle la  calidad que le faltara,
Aquella  que yo nunca pudiera.

 

 

Pluma

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