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La esperanza muere al último

Reflexión
 

Los acontecimientos narrados, después del macro sismo que devastó a la provincia de Sichuán en China, conmueven al más insensible de los mortales. Los medios se refieren a “milagros” que ocurren cuando en la búsqueda incansable de sobrevivientes atrapados bajo toneladas de escombros, encuentran a las víctimas severamente lastimadas, pero aún con vida. Esto es una remuneración muy apreciada a la dedicación de los cuerpos de rescate que buscan afanosamente, con la esperanza de encontrar a alguien que aún esté vivo.

Esto nos permite obtener muchas lecciones para la vida; pero la que nos interesa en estos momentos es aquella que tiene que ver con la esperanza. Los socorristas, herramientas en mano, auxiliados por perros entrenados, tratan de abrir camino con la esperanza de llegar hasta donde se encuentra la persona atrapada. Y ésta, en sus pensamientos, tiene fija la idea de que pronto un rayo de luz le dará la indicación que ha sido localizada y, al fin, rescatada de su difícil situación.

No es necesario ser “creyente” para mostrar que se tiene esperanza; es algo innato en el humano. Para muchos, ésta muere al final de todo esfuerzo, aun inaudito. Para situaciones como las de Sichúan, la esperanza está puesta en el valor, la tenacidad, la pericia de personas altruistas, las herramientas, los animales amaestrados, etc.; pero, para situaciones de nuestro diario vivir, debe estar únicamente en Dios; y ésta acabará solamente cuando se vuelva realidad al encontrarnos con él en la eternidad.

¿Vive en alguna situación en la que no encuentra solución? ¿Algún vicio arraigado? ¿Soledad? ¿Algún anhelo profundo? ¿Algún pecado que le agobia? La Biblia dice: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:15). Lea usted el Salmo 42 y busque intensamente a Dios, por medio de Jesucristo; él es el camino que nos lleva a Dios, es la luz que aviva nuestra esperanza.

 

Pluma

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