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LOS MANSOS

Reflexión
 

“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5).

El Señor pronuncia la tercera bienaventuranza y quedan resonando en los oídos de la multitud las palabras del Maestro. ¿Que pasaría por la cabeza de algunos que las escucharon?  ¡Imposible!, tal vez pensaron muchos al recordar la violencia que experimentaban en carne propia de manos de los romanos, los cuales se habían adueñado  de su tierra. ¿Cómo ser manso ante tal injusticia? Tal vez algunos gritaron: -¡No! Si somos  mansos, no se van a  ir de nuestra tierra: ¡Sica! ¡Emboscada! Eso es lo que merecen.

El gran Maestro no quería exacerbar el honor patriota de los judíos, pero estos, cegados seguramente por su resentimiento, olvidaban que uno de sus grandes líderes históricos, Moisés, fue conocido como el hombre más manso sobre la tierra (Números. 12:3) y también, que el mal que estaban sufriendo, era precisamente por ser un pueblo duro de cerviz; pero por eso, era necesario que aprendieran esta lección. Además, no era un improperio relacionarlo con heredar una tierra, cuando ésta no era la que en ese momento estaba en poder de los romanos.
Quienes  oían al Señor, debían ver más allá de la tierra que estaban pisando sus pies, la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Si usted está pasando por circunstancias en las que ser manso, le sea incongruente, y no le interesa  como estilo de vida; ni tampoco le atrae la herencia que promete el Señor: una de las muchas moradas que hay en la casa de Dios Padre, o está luchando por alcanzar sus metas, como sea, dirija la mirada al Señor Jesucristo, como si se encontrara en la misma montaña donde se dijeron estas palabras, y usted las escuchó. Piense en sus circunstancias o en sus metas y en el largo camino para aliviarlas o alcanzarlas y vea si lo que el Señor Jesús plantea no le será de utilidad. ¡Claro que sí! Por tanto decida empezar esta carrera y no dude que el Señor en su bondad y rectitud, le irá enseñando cada día, hasta que este sea una forma de vida y una prueba de que Cristo está siendo formado en usted, porque él es el ideal supremo de mansedumbre.
Recordemos unas palabras que el Señor dijera: “Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29)
Pero le invitamos a reflexionar en otras que le describen en toda esa mansedumbre y amor que quiso mostrar por usted y por mi. “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.
“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:3-7).

Le rogamos considere esto, por la mansedumbre y ternura de Cristo

 

Pluma

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