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“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7)
La misericordia es un atributo de Dios que comparte con el hombre, es decir, esta parte de la esencia divina puede ser reflejada por nosotros. ¿Qué somos capaces de hacer con esto?
Situaciones en las que es necesaria la misericordia, las hay en todo el mundo, ¿Habrá un misericordioso para cada una de ellas? La perspectiva de alcanzar misericordia, debe ser una motivación, porque no sabemos cuándo vamos a necesitar de ella.
Una esposa golpeada, un menor abusado, un anciano olvidado, entre muchas situaciones más, es algo que podemos enumerar; pero, si usted no se identifica con esto, porque las situaciones que está presenciando son más crudas, más crueles, que merecen más su atención, esas son las importantes, porque en ellas está usted absorto. Se ha convertido en un luchador de causas, que para muchos pasan desapercibidas. Han impactado tanto en su ser que ya no es posible para usted, permanecer ajeno y no sentir misericordia.
¿Cómo aprender a ser misericordiosos? Recordemos una parábola que contara el Señor Jesucristo en relación al tema y que nos da detalles de lo que es hacer misericordia. Parafraseando la parábola diríamos que usted y yo, como el samaritano, vamos de camino, es decir, estamos viviendo nuestra vida, a nuestro alrededor encontramos necesidad; otros ya han pasado y han sido indiferentes, pero usted y yo debemos acercarnos al que por circunstancias de la vida está como medio muerto; allí hay herida que necesita vendarse, es amor lo que el caso requiere; la circunstancia es dura y triste, cuánta falta hay de dulzura y consolación, palabras que reanimen al herido. Sentir como propia o cercana la desgracia ajena hará que seamos movidos a cuidar y compartir con el que sufre. Virtud cristiana, ¡cuánto hace falta!
Hay una historia que también debemos recordar y que debe ser nuestra principal motivación: la historia de un lugar de maldición, donde el Hijo de Dios, hizo que la misericordia y la verdad se encontraran; la cruz de Cristo, donde por amor a usted y a mí, él daba su vida, mostrando así, tal misericordia divina, que lo lleva a pronunciar: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”, negándose a llamar a una legión de ángeles.
En la Biblia la misericordia es acompañada de la verdad, y es interesante lo que revelan algunas citas bíblicas que tienen esta mención: La misericordia hace pequeño al hombre que la recibe aún cuando ésta lo haya llevado a una posición próspera, contrastante con la posición inicial en la que vivía, y la verdad juega un papel preponderante, pues siendo el motor en las promesas, su encuentro, garantiza su cumplimiento.
Hay también lo que podríamos decir, un principio entre misericordia y verdad, no se le puede fallar a aquel que está necesitando de la misericordia, porque la situación por la que está pasando, no lo permite, es grave, dolorosa y no se puede ser vil en ese sentido. Con razón se dice de Dios que misericordia y verdad van delante de su rostro; así se demanda también del hombre, que haga misericordia (Gen. 32.10; Sal. 85.10; 89.14).
¡Nuestro Dios no le falló al hombre! Cuando se nos requiera, no le fallemos tampoco.
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