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Los que lloran |
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Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. (Mateo 5:4) Llorar es emitir una voz desde lo más profundo del ser. Voz a la que Dios no va a permanecer indiferente. Más cuando las entrañas se conmueven, se aflige el corazón, hay quebrantamiento. ¿Por qué el que llora es bienaventurado? El hombre se conmueve y tal vez hasta llora por las tragedias que azotan a la humanidad. ¿Mirará el Señor estas lágrimas? Esto lo pueden hacer todos, y no necesariamente, estarán entre los bienaventurados. Es sólo aquel que sienta en su corazón los males del hombre, y eleve a Dios su clamor por el alivio de estos, que sin duda alguna, recibirá consolación. Pero ¿qué vio Jesucristo en la gente de su tiempo que le hizo enseñar sobre esto? ¿Qué tragedias vivía el hombre que hizo que el Señor propusiera que se aprendiera, que el llorar traería bienaventuranza y también consolación. El yugo romano era duro, las enfermedades eran agobiantes, pero lo más triste y que motivó la compasión del Señor, es que su pueblo no había entendido que ante ellos estaba su Salvador. Los ojos del Señor escudriñaban lo profundo del ser, y percibían que la opresión, la enfermedad y la vida sin rumbo eran el resultado de la esclavitud en la que Satanás tenía a la gente. Él mismo lloró ante la tumba de Lázaro (Juan 11:35) y en su enseñanza invitaba a que hubieran más corazones sensibles a esta triste condición. Ésta debe seguir siendo hoy, la principal razón por la que deban derramarse lágrimas. ¿Se siente usted pecador? ¿Está triste por ello? ¿Ha llorado por esto? ¿No piensa que ya es tiempo?
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