Interfuerza

REFLEXIONES 2008


HACIA UN MUNDO MEJOR

Quisiera hacer una corta reflexión sobre uno de los pasajes más citados de la Biblia, y es este:

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses” (Mateo 5:38-42).

De seguro conocemos algunas de estas frases, pero ¿a qué se refieren? ¿Qué quieren decir cuando me sugieren que si alguien entra a mi casa a robarme, se lleve lo que quiera y hasta le dé dinero para que vaya y se compre una torta?... ¿Para qué?

Así lo aplicaría alguien usando el sarcasmo, pero este pasaje nos habla de cómo podemos arreglar algo que, cuando es afectado, no siempre regresa a como estaba antes.

Claro, cuando alguien me golpea, (y cómo no reaccionar así) podría sacarle pleito y darle una golpiza; y cuando alguien me roba, darle alcance y ponerlo en su lugar. Claro, podríamos hacerlo, pero eso ¿de qué nos serviría?, ¿para que sepan que soy más fuerte, para que sepan quién soy?
Pues sí, tal vez nos sirva para eso, pero con eso, simplemente ¡no arreglamos nada!

El Señor nos pide (aunque más que una petición lo veo como un buen consejo) que hagamos algo más.

En el ejemplo anterior, hay un parte involuntaria (me robaron, me golpearon) y otra instintiva (me desquito). Pero nótese que en las palabras del Señor se destaca una parte involuntaria (me robaron, me golpearon) y otra voluntaria (lo dejo… le comparto…).
¿Esta parte voluntaria de qué nos sirve? Pues si llega alguien a decirnos: ¡Te robaron!... diríamos: Nada, ¿cuál me robaron?, ¡hasta le di!

Esto nos sirve para arreglar nuestro corazón. Porque si te hieren una mejilla, te pones unos hielos, reposas… y listo, otra vez a seguirle. Pero te lastimó tu corazón, tu yo, tu ego, y ¿qué haces? El enojo, la ira que queda en tu corazón no se quita con cirugía y listo… no se arregla con un hielo…
Este consejo no nos sirve para que las cosas se queden como están, sino para arreglar el corazón, y no sólo un corazón, sino dos.
Yo habré andado en el camino del amor y del perdón, y mi ofensor tendrá un testimonio que le hablará de cómo Dios perdona a quien lo ofende y lo desprecia.
Reaccionemos así, pues, tal vez nos hicieron un mal, pero no nos hicieron daño (y esta es la parte importante), pues sí, pudieron herir nuestro cuerpo, PERO NO NUESTRO CORAZÓN; éste no se daño, mi corazón quedo intacto, el centro que mueve todas mis acciones sigue funcionando igual o mejor que como lo hacía antes. ¡El motor de mi cuerpo no se averió!

El consejo que dio el Señor Jesús (y sabía lo que decía), nos enseña una forma de cómo podemos empezar a cambiar el mundo; de cómo podemos llegar a sembrar amor y perdón, de cómo construir un MUNDO MEJOR.

Envianos tu duda o comentario sobre este artículo Imprime (PDF)


Responsable: Publicaciones "El Sembrador".
Para escuchar su punto de vista nos ponemos a sus órdenes en elsembrador@elsembrador.org.mx