Interfuerza

REFLEXIONES 2008


PROYECTO PARA UN AÑO NUEVO FELIZ

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12).


Este año está terminando con los peores presagios provocados por una crisis mundial, que todavía nadie sabe cuales serán sus reales consecuencias. Ni el más optimista se atreve a hacer un pronóstico alentador. El mundo se encuentra estupefacto. Los estrategas financieros tienen por demás, una tarea difícil por resolver y los gobiernos implementan medidas que buscan aliviar en parte lo que será inevitable. Los errores cometidos son graves y graves tienen que ser las consecuencias. No hay “varitas mágicas” para esto, el modelo falló.
¿Qué nos queda por hacer a los que hemos puesto en Dios toda nuestra confianza y esperanza? Venir a la aula divina para aprender cómo tendremos que vivir los días por venir y enfrentar con su presencia y poder todo lo que pueda ser causa de temor y sobresalto.
“Enséñanos”: Nunca es tarde para aprender y esto se convierte en la mejor estrategia sólo si se acude al Maestro por excelencia.
Si se considera que en sus manos están nuestros días y que su sabiduría es infinita, sin duda la estrategia funcionará; sabremos cuán frágiles somos y entonces dependeremos total y absolutamente de su poder para vivir diligentemente y lo mejor posible los días que él nos habrá de conceder, porque cada día, viviéndolo bajo su instrucción, será mucho mejor que viviéndolo bajo la determinación y voluntad humana.
Una verdad irrefutable que se puede sustentar como base de la estrategia, es que Dios sabe nuestro fin y cuánta es la medida de nuestros días.
“De tal modo” es el cómo. El hombre se cree autosuficiente para decidir cómo ha de contar los días que ha de vivir; no hay nada más errado que esto: Dios es el único que tiene la mejor forma para contar nuestros días; el método divino es perfecto y garantiza que no quedará ninguno de nuestros días sin contarse (Ec. 1:15).
“A contar” es lo que no se sabe o se sabe de manera deficiente; por eso hay que aprender. ¡Esta es la lección!
El mundo termina contando las doce campanadas del reloj, lleva cuenta también de los días transcurridos y los días que faltan por transcurrir, esto no basta, y hasta podríamos decir que esto no es contar.
Dios quiere que aprendamos a contar nuestros días teniendo en cuenta su protección y nuestra fragilidad; que todos nuestros actos están delante de él, a la luz de su rostro; que él nos sacia de su misericordia y que bendice la obra de nuestras manos.
“Nuestros días” es lo que hay que aprender a contar. Cada uno debe vivir la vida que se le concedió. No es la vida ajena sino la propia; por la que tendremos que rendir cuentas ante el Dador de la misma.
“Que traigamos” es el objetivo, el cual, sin lugar a dudas, se logrará si somos alumnos aplicados, porque dependerá de nosotros si queremos aprender, pues el Maestro es excelente y no podemos atribuirle falla alguna.
“Al corazón”. Si va a otra parte lo aprendido es que no se habrá aprendido. Dios quiere que sea el corazón, el receptor de este conocimiento, ¿será por eso que él lo pide? (Prov. 23:26). Usted amable lector, debe entregar su corazón a Dios.
“Sabiduría” es el resultado o aprovechamiento que tendremos al entrar al aula de Dios. Esta no es sabiduría humana o terrenal, es de lo alto y una de sus características es que es sin incertidumbre, algo tan necesario para el mal que aqueja a nuestros días.
Después de haber leído esta reflexión, le invitamos a que busque en Dios la solución, reconozca que el hombre ha fallado. Es tiempo de darle a Dios el lugar que le corresponde. ¿No le parece?

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