Interfuerza

REFLEXIONES 2009


EMANUEL, DIOS CON NOSOTROS



Es Navidad, y además de nuestros más sinceros deseos de felicidad para usted, deseamos compartirle, apreciado lector, un mensaje sobre uno de los hermosos nombres que le fueron dados al Hijo de Dios, cuando vino a este mundo.
El relato lo encuentra en el Evangelio según San Mateo: José ya se había enterado que María, su prometida, estaba encinta; la situación era delicada, y José, que amaba realmente a María, para que ella no sufriera ningún daño, quería dejarla secretamente. Pensando en esto, un ángel le apareció en sueños. ¡Cuánto bien le hicieron a José las palabras del ángel! ¡Mensaje de Dios sin duda alguna!, ya que le hicieron desistir y nos deja un ejemplo claro de cómo debe obedecerse lo que el Señor dispone. La Biblia dice que: “Despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer (Mt. 1:24).
El ángel anima a José y le hace entender qué le estaba sucediendo a María, y también le revela el nombre que tendría el niño que nacería y cuyo significado dice del propósito que hay por tal acontecimiento. Ese nombre es “JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21).
Al continuar el ángel, declara que una profecía se ha cumplido, la profecía de la señal acerca de la virgen que concebiría y daría a luz a un hijo, que se llamaría Emanuel (Is. 7:14).Este nombre, escribe el evangelista, es traducido: “Dios con nosotros” (Mt. 1:23).
Siete letras componen el nombre Emanuel y con él se revela una verdad muy grande, verdad que el hombre ha desdeñado, al quitarle a la Navidad el sentido profundo que tal nombre le da, convirtiéndola en lo que vemos: fiesta, en vez de amor y gratitud. No se da la hermosa conjunción entre la criatura y su Creador que tal nombre plantea.
Hay muchos que creen el error de tal o cual aparición, otros más quieren ver seres de otra dimensión, pero la verdad, ¡que Dios vino al mundo para estar con nosotros en la persona de Jesucristo!, simple y sencillamente, no se cree, se desprecia.
¡Oh hombre, cuánta responsabilidad la tuya! ¿Qué le dirás a tu Hacedor cuando te inquiera por su nombre Emanuel? Ni la creación, pero sobre todo, la manifestación gloriosa de Jesucristo, han despertado en ti la fe para que puedas captar que Emanuel es cierto.
Vives tu vida sin Dios y cuando las cosas no salen conforme a tu arbitrio, entonces no vienes a él, reconociendo tu necesidad, sino que te atreves, retador, a levantar tu puño cerrado contra él, cuando eres tú, oh hombre, el que no ha querido creer que en Navidad vino Dios, Jesucristo, a habitar entre nosotros.
Configuras tu vida, formateándola con tus propios programas humanos, y como el virus del pecado ha destruido tu vida, entonces te quejas, cuando no has querido, tú hombre, usar el programa, de Jesucristo, que, ejecutado y guardado en tu vida, hará parecerte a él (Gá. 4:19).
Sin embargo, si aun no lo ha hecho no es tarde para que reconsidere el camino andado y haga de este nombre, ¡Emanuel!, la grata nueva para su vida. Medite en lo siguiente:

En este Nombre excelso
Mi vida halló misericordia,
A más de su amor, ¡sublime historia!
No hay bajo la tierra otra noticia,
Una que sea igual a este Nombre,
En la que se haya dado tanto al hombre;
¡Lo hizo el Señor en su justicia!

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