Interfuerza

REFLEXIONES 2009


“HAZME SABER, OH TÚ A QUIEN AMA MI ALMA "



”Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma,
dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía;
pues ¿por qué había de estar yo como errante
junto a los rebaños de tus compañeros?” (Cantares 1:7).


Está bien que cuando sea posible, nuestra esposa conozca el lugar donde trabajamos, no sólo por razones de seguridad, ya que habrá ocasiones en las que tenga que acudir porque se presentó una emergencia en casa, sino porque también es bueno que conozca a los que son nuestros compañeros. Esto no significa que la tendremos en el centro de trabajo a toda hora, no es propio, ya que se estaría afectando la disciplina en la cual se desempeñan las labores y como consecuencia, la labor misma. No se recomienda que la esposa, por cualquier razón, se presente en el lugar donde el esposo trabaja, no es válido, pues afecta, además, su propia labor de esposa.
Atender a esto es cuestión de amor, porque mi esposa me ama, desea saber dónde trabajo; confiemos en que sus visitas sólo serán por causa de fuerza mayor y de manera discrecional. Porque amo a mi esposa, no le oculto dónde trabajo ni quiénes son mis compañeros o mis compañeras.
Una situación que deberá evitarse es que el deseo de saber dónde, sea debido a desconfianza o inseguridad hacia el esposo.

Pensando en nuestra relación con Cristo hagamos manifiesto el amor que sentimos por él, declarémoslo.
Una hermosa relación de amor que tenemos en las Escrituras es la de David y Jonatán, en la que Jonatán amaba a David como a sí mismo (1 S. 18:1; 20:17); sin duda, es una figura hermosa de Cristo y el creyente, ya que así debe ser nuestro amor por el Señor para que él llegue a decir “maravilloso me fue tu amor” (2 S. 1:26); pero recordemos siempre que, “nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1Jn. 4:19).
Pensemos ahora en el deseo que tenía la esposa de saber del lugar donde su amado realizaba dos de sus labores de pastor: “Dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía”.
Apacentar tiene que ver con comer y si Cristo es nuestro Buen Pastor, es seguro que a su lado, encontraremos toda satisfacción porque nos apacentará conforme a su corazón y por amor a su nombre, además de que es una función que sabe hacer porque si de David se dijo de la pericia de sus manos, cuánto más de nuestro Pastor. (Sal. 78:72).
Recogerse en un lugar sombreado para descansar y librarse de los rigores del sol es sestear, acción que debemos entender como necesaria. Después de comer queda disfrutar del deleite de estar con el Amado, quien ha satisfecho todo el deseo de nuestra alma, dándole el descanso que anhelaba, confortándola y alentándola.

La esposa quiere estar en el lugar indicado, no quiere andar “errante”. Recordemos nuestra condición de peregrinos en esta tierra, que es algo totalmente diferente Estar errante es no saber dónde estamos ni adónde vamos. Como peregrinos, no podemos quedarnos con los compañeros, y agregamos, que si somos peregrinos, no podemos buscar comodidad ni seguridad temporal (Lc. 9:57,58), ni amar al mundo, “ni a las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15).

Si deseo estar con el que ama mi alma es porque sólo él es mi satisfacción y nadie más.

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