Interfuerza

REFLEXIONES 2009


UNGÜENTO DERRAMADO



“A más del olor de tus suaves ungüentos,
Tu nombre es como ungüento derramado;
Por eso las doncellas te aman” (Cnt. 1:3).


Del rey David se dijo: “He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él” (1 S. 16:18).
Un varón que gusta de las bellas artes u oficios, apreciándolos o realizándolos; que no se arredra ante la adversidad sino que la enfrenta con entereza sabiendo que en el Señor podrá salir adelante porque en Cristo está su fuerza; que es sabio en su hablar, pero sobre todo, que es un varón del Señor, sin duda alguna es una persona agradable; como el perfume para la mujer. ¿Está buscando esto en el varón que ha de estar con usted para toda la vida? Un varón así huele bien y será para usted como un perfume. Deseamos que esta primera reflexión quede como un consejo para las señoritas que están en espera de aquel que habrá de ser su compañero.
Vayamos ahora a nuestra relación con Cristo: La vida del Señor en esta tierra fue un verdadero perfume, prodigando olor grato no sólo a su Padre sino a muchos que estuvieron cerca de él: pecadores, publicanos y aún personajes de alto rango percibieron el grato olor de la persona del Señor, una vida fragante.
Los creyentes que hoy amamos a nuestro Señor también nos deleitamos con el agradable olor del nombre de nuestro Salvador, al cual bendecimos, cantamos y loamos, ya que su nombre y su memoria son el deseo de nuestra alma (Is. 26:8). Verdad tan grande nos compromete a que también nosotros seamos olor grato a los demás.
El salmista escribe cosas maravillosas del Nombre del Señor, unámonos a él y sintamos cómo el perfume de ese Nombre inunda nuestra vida:
“¡Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!” (Sal. 8:1,9) El salmista contrasta la majestuosidad de la creación con el hombre y cómo, a pesar de ese marcado contraste Dios tiene memoria de él y lo visita. Pensemos en Emanuel (Is. 7:14; 8:8; Mt. 1:23)
“En ti confiarán los que conocen tu nombre” (Sal. 9:10). Meditemos en la seguridad que este conocimiento trae, además de que abrirá nuestra boca para publicar sus obras y contar sus alabanzas. Con razón Pedro dijo al Señor: “Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).
“Y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios” (Sal. 20:5). Resoluciones, a estas nos debe mover el nombre del Señor cuando ya hemos puesto nuestra vida en el altar.
“Mas nosotros del nombre de… nuestro Dios tendremos memoria” (Sal. 20:7). Unamos ésta a la anterior y descubramos por qué, a pesar de los problemas, nos mantenemos en pie. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece (Fil. 4:13).
La vida del Señor tiene la exquisitez de un perfume. Esa vida agradable fue la que él ofreció para quitarle a usted el olor a muerte de su condición pecadora, enferma. (Is. 1:3).
Solo si usted lo permite, el grato olor de Cristo podrá llenar su vida con el olor de vida para vida (2 Co. 2:15,16).
¿Dejará que lo haga?

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