"Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes; bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar" (Cantares 2:3).
Las palabras que expresan el sentir del corazón que ama, ennoblecen a la mujer que las expresa. Un ejercicio aconsejable para fortalecer el vínculo del matrimonio; de mayor bendición si es fruto de una vida matrimonial en el Señor (Pr. 31:26)
Se contrasta esto con la mujer que vive para contender con su esposo, cuyo proceder es como una gotera continua (Pr. 19:13), que lleva al esposo a preferir "vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa", aunque la casa sea un palacio (Pr. 21:9).
Pensemos ahora en los momentos a lado de nuestro Amado, estos nos deben ser los más gratos y deliciosos, razones tenemos de sobra para preferirlos por sobre todo. He aquí lo que dice la amada de su amado:
"Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes".
El Señor, cuando vivió entre los hombres, se distinguió por su lenguaje divino, adornado en todo tiempo de justicia (Pr. 25:11) y pleno en vigor y fortaleza: su propia vida respaldaba las palabras que brotaban de su boca y que admiraban a todo el que las escuchaba (Jn. 7:46). Con razón dijeron que él era varón poderoso en palabra (Lc. 24:19). Jamás hubo discordancia ni disonancia entre su hablar y su hacer, venía de su Padre y hablaba lo que su Padre le había dado que hablara (Jn. 12:49,50), y esto se confirmaba en el trato y consideración que tenía para con los hombres, a quienes siempre trató con justicia, remarcando de manera magnífica y grandiosa que él no venía a condenar al mundo si no que el mundo fuera salvo por él (Jn. 3:17). Emanuel entre los hombres: dulce, compasivo y bondadoso, pero justo.
Nadie volvió a ser el mismo después de cruzar palabra con el Salvador, desde el más humilde hasta el más poderoso, todos quedaron impresionados con la gracia que se derramaba de sus labios, por eso llaman la atención las palabras del profeta Isaías cuando dijo: "Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca" (Is. 53:7).
"Bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar"
La experiencia de estar con el Señor es única, ya doblegado el orgullo y depuesta la fortaleza ante él (Is. 25:5) todo es cambiado en solaz, y en su palabra se encuentra toda delicia, el fruto que nos sacia.
Venir y llegar para estar bajo la sombra del Deseado debe ser toda una experiencia, allí comienza el descanso de nuestras cargas pero también el momento de uncirnos su yugo para aprender de él. Allí deben perfilarse nuestros deseos y nuestros anhelos, y nuestros proyectos allí deben declararse para tener de él su aprobación. De allí salimos confortados para la lucha diaria y allí regresamos para que él vende las heridas sufridas por el fragor de la batalla.
Es inevitable no mencionar la experiencia de María de Betania la cual, sentada a los pies del Maestro, recibía su aprobación por haber escogido la una cosa necesaria, la buena parte, la cual, agregaba el Señor, no le sería quitada (Lc.10:42).
Usted, ¿recuerda las palabras con las que fue conmovido para recibir a Cristo como su Salvador y Señor? ¿Recuerda aquellas otras cuando fue amonestado porque se estaba yendo por otro camino, despreciando la voz cariñosa que le instaba seguir adelante?
¡Estar bajo la sombra del Deseado es en verdad, toda una experiencia inolvidable!
Un día, el Deseado de nuestro corazón vendrá en su gloria (Hag. 2:7). Disfrute, entre tanto, estar bajo su sombra.
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