Prosperidad, es la palabra por excelencia, preferida para expresar los buenos deseos en un año que comienza. Esto es lo que deseamos para usted, amable lector, pero prosperidad bajo la óptica divina, de la que hablan las Escrituras (3 Jn. 2).
Prosperidad “en todas las cosas.”
Nuestra vida está hecha de “cosas”, las cuales queremos que permanezcan con nosotros, no sólo como las llegamos a obtener, sino que deseamos que, al paso del tiempo, adquieran estas, una mayor excelencia. Tal es nuestro deseo de prosperidad. Pero, ¿de qué “cosas” estamos hablando?
No serán aquellas que al fin de cuentas tengamos que estimarlas “como pérdida por amor de Cristo”, ya que estas cosas, si bien es cierto, representan un capital que reditúa substancialmente, son de carácter temporal, porque se adquieren al confiar en la carne (Fil. 3: 4-8). En este grupo de cosas entrarían las que tienen que ver con las necesidades del cuerpo, cuya búsqueda en forma prioritaria nos harán parecer como incrédulos. A éstas, Jesucristo manda ponerlas por debajo de las cosas eternas, porque de la provisión de ellas se encarga el Señor (Mt. 6:32,33).
Las cosas en las que debemos anhelar, haya prosperidad y preferirlas por sobre las otras, deben ser las que sean producto de nuestro amor a Dios, porque “ayudan a bien”, ya que son conforme al propósito divino, aunque algunas lleguen a ser adversas. Sin embargo, la presencia de Cristo es garantía de victoria y confianza, por eso, nada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro. 8:28-39).
“Y que tengas salud”
En este tiempo, con la aparición de nuevas enfermedades y la mayor intensidad en sus efectos que otras han adquirido, el hombre coloca este bien por encima de otras preferencias, inclusive por sobre el dinero, porque argumenta que, sin salud, no podrá trabajar y por lo tanto, generar dinero, o si ya lo tiene, no puede disfrutarlo.
¿Pero, para qué tener salud? El que tiene salud no está enfermo, está firme, por el contrario, el enfermo, no está firme, por lo que el enfermo tiene problemas en su andar.
Concluimos pues que necesitamos salud para que nuestro caminar sea firme. Atendamos al ruego de andar como es digno (Ef.4:1), recordando que es nuestro el deber de ser “sanos en la fe” (Tit. 1:13)
“Así como prospera tu alma”
Equilibrio en la prosperidad es lo que se aconseja buscar y a lo que se pretende llegar, y éste sólo será posible si hay prosperidad en el alma. El éxito está garantizado cuando no se procure prosperidad en alguno de nuestros enunciados por sobre el otro, es decir, que no haya prosperidad en todas las cosas si no hay prosperidad en el alma; que no se hable de tener salud, si ésta no ha aportado nada para que el alma prospere.
El parámetro de la prosperidad en su vida, es el testimonio que otros darán de su verdad, de cómo anda en la verdad (3 Jn. 3).
Una vida así producirá gozo (3 Jn. 4). Que esta sea su vida en el año 2010
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