Interfuerza

REFLEXIONES 2010


YO SOY…

“Yo soy la rosa de Sarón, y el lirio de los valles” (Cantares 2:1).


El jefe de la casa, el que manda, el hombre, etc., son frases comunes en muchos hogares, acuñadas para describir la presencia del varón. ¡Qué desagradable cuando el mismo varón es quien exige ser reconocido así!, pretendiendo con esto, que nunca esté en tela de duda su hombría, como si con esto estuviera garantizada. Ternura, dulzura y nobleza, no son síntomas de debilidad ni falta de hombría y la mujer que está a su lado, su esposa, bien merece, no arrebatos de dulzura ni mil ratos de ternura, no, cada vez que respire, cada vez que la vea, y con el paso del tiempo, cada día de ternura, cada instante de dulzura, será mejor hombre para ella. ¿Difícil para el rudo? Maridos, vivid sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil (1 P. 3:7).

La rosa de Sarón
Al meditar en esta hermosa presentación de nuestro Amado, se puede decir que con esta manera de identificarse busca cautivar, invita a que el ser se cautive y capte la exquisitez de su belleza, fragancia, delicadeza y frescura, cualidades que podemos encontrar en el Salvador. Le invitamos a leer las Escrituras para que descubra la belleza incomparable del Señor, tanto, que las multitudes no se podían sustraer ante tal portento; encontrará en ellas que las palabras de Cristo poseen un aroma diferente, el de la verdad y, en su trato, captará lo delicado que fue con todo aquel que tuvo la oportunidad de conocerle. Todo esto emanaba de una vida pura y fresca, lo cual, sin duda, se magnifica en el amor que muestra, al dar su vida en la dura cruz.
Adorno incomparable es el Señor al ser humano. Cuando la vida, carente de belleza, seca y árida como un desierto (Is. 33:9), a causa del pecado, es transformada, todo viene a ser diferente. Esto acontece cuando la persona cree en Jesucristo de todo corazón, la frescura que emana de la bendita persona del Señor convierte el árido desierto de la vida, en un paisaje de esplendor. Al igual que en un momento de su historia Sarón fue vuelta como desierto, Cristo, la rosa, transforma el agreste paisaje de la vida en un paisaje hermoso. Cristo vive en el ser y lo hermosea de tal manera que la vida ya no es la misma.

El lirio de los valles
Este es otro nombre con el que se presenta nuestro Amado y no es menos hermoso que el anterior. Se dice que era una flor preciosísima, de fragante aroma y de impactante hermosura. Era una flor que abundaba y que era común; además, por ser de los valles, lugares nada escarpados ni inaccesibles, cualquiera que caminara por esos jardines extensos y hermosos, en los que se convertían los valles, tendría acceso a ellos. Así el Señor, cualquiera puede venir a él, no hay ningún obstáculo que pueda impedirlo y “al que mí viene”, dice su Palabra, “no le echo fuera” (Jn. 6:37; 12:3). Otra característica del lirio de los valles es que al esparcir su fragancia, el viento la lleva a toda la vasta zona del valle donde está plantado. Así el Señor en su iglesia, nos llena de su grato aroma(2 Co. 2:15) y el Espíritu lleva de nosotros el aroma de Cristo a todo lugar por donde andamos (Jn. 16:14).

¡Qué paisaje tan contrastante es un valle de lirios y un valle de sombra de muerte (Sal. 23:4)!

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