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¡SIEMPRE LO MISMO!

Reflexión
 

Hoy, al levantarse, al asentar sus pies en el piso, ha dicho: Este día va a ser diferente, quiero estar tranquilo. Buscaré satisfacción al desarrollar mis labores, seré amigable, saludaré con una sonrisa a todos, ayudaré con gusto a mis compañeros y a mis vecinos… pero, al pasar por la puerta de su casa y enfrentarse al mundo exterior… el polvo, el ruido, la basura en la esquina, el rostro adusto de un transeúnte, las palabras altisonantes de un conductor… ¡hacen que todos sus propósitos se esfumen!

Tenga por seguro que Dios no quiere una vida de sinsabores para sus criaturas, pero también es cierto que ninguno, por sí sólo, podrá cambiar su manera de ser o de vivir. La Biblia describe el problema, no como alguna fuerza o contingencia externa que impacta el alma y no nos permite cambiar de conducta, sino como un problema interno, en nuestro corazón, que sólo Dios puede cambiar.

Hay en él una enfermedad que Dios llama pecado, y que hace que no podamos hacer lo que nos proponemos de la forma que queremos. Esta enfermedad impide nuestra comunión con Dios y perturba la relación con nuestros semejantes.
Con el cambio de corazón que Dios ofrece a los que le buscan, y que puede hacerse realidad en usted porque Cristo llevó nuestros pecados al morir en la cruz del Calvario, la vida será diferente. Dios le ayudará a soportar adversidades, a perdonar a los que nos ofenden y a vivir en paz con todos; pero sobre todo, gozará de una relación pura y verdadera con Dios, quien lo  hará entender su voluntad y el por qué de todo lo que nos sucede, pero más, le hará ver todo lo hermoso y útil que viene de su mano y haciéndolo rebozar de gratitud hacia Aquel que suple, en su misericordia, toda necesidad.
Esa sonrisa sincera, esa voz serena, esa mano amiga… será una realidad para usted desde el momento en que le pida a Dios que cambie su corazón y crea que, por la sangre de Cristo, él hará en usted es transformación tan necesaria.

Si no lo hace hoy, si no le pide a Dios que haga este cambio en usted, siempre será lo mismo; seguirá girando en ese laberinto que poco a poco lo llevará a una condición de depresión y desesperación de la que, tal vez, nunca salga.

 

Pluma

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