![]() |
Sobre las alas del viento. |
||
Se ha presentado ya lo anunciado desde los primeros meses de este año: la temporada de huracanes, muy temida por muchos. Se recuerda lo sucedido en años anteriores y crece el temor porque los embates cada vez son más fuertes. Es notable lo que sucede cuando “el ojo” del huracán se sitúa sobre alguna población: momentáneamente se detienen los fuertes vientos, y en medio de esa aparente quietud la gente sale y observa hacia el cielo buscando entender el fenómeno, buscando razones o alguna señal que les indique algo, sin saber qué. Debiera ser un momento para revisar y reparar los daños y ¡prepararse para lo que de seguro vendrá! El rey David relata un acontecimiento en su vida que comparó con algo similar. El acoso de enemigos y la amenaza furiosa de quien buscaba terminar con su existencia; fue para él como un torbellino que lo hizo estremecerse hasta perder su equilibrio emocional. Entonces, dice, “invoqué...y clamé a mi Dios; él oyó mi voz..., y mi clamor llegó a sus oídos” ( 2 Samuel 22:7). La respuesta divina la experimentó en toda su realidad: El Señor lo llevó hasta lo más intenso del vendaval, lo invitó a mirar hacia las alturas y logró contemplar a su Dios que estaba “sobre las alas del viento”. Pudo comprender que sobre todas las fuerzas de maldad estaba el Altísimo, Todopoderoso, y se sintió aliviado al cimentar su fe en él y prepararse para lo que vendría en el futuro. (Lea esto en 2 Samuel 22:17-30). Este también es el testimonio de muchos que confiamos en Cristo. Los vientos de la adversidad son fuertes, pero sobre todo está Dios, atento al clamor de los que le temen y confían en él. Busquemos a Dios, no sólo en los problemas, también en la bonanza, en el éxito y en la prosperidad. Escríbanos para compartirle cómo encontrar a ese Dios poderoso, y además, bondadoso.
|
|