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La felicidad

Reflexión
 

Siempre estamos pensando en ser felices, y decimos que la vida será mejor después de tal o cual etapa.
Éxitos y  frustraciones se van dando en el mismo transcurso de esas etapas, de tal manera que calificamos las mismas según nos haya acontecido. Aunque durante esas etapas si no negamos a nuestros ojos ninguna cosa que desearan, ni apartamos el corazón de placer alguno, porque el corazón gozó de todo trabajo (Eclesiastés 2:10); será bueno concluir como lo hiciera el rey Salomón: “Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol (Eclesiastés 2: 11). ¿Y la felicidad? ¿No la hayamos cuando nuestros hijos pasaron de niños a adolescentes, o cuando obtuvieron un título profesional, o cuando se casaron, o cuando tuvieron su primer hijo, etc.? ¿No la hayamos cuando recibimos un premio o un ascenso en el trabajo?

Pero Dios, en la Biblia,  habla de  bienaventuranza, que puede definirse de manera sencilla como la felicidad plena que es concedida por él.

 He aquí un ejemplo de cómo puede lograrse:

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. (Salmos 1:1-3)

Esta porción de las Escrituras abarca todo el quehacer del ser humano, y plantea la manera de cómo en ello, puede prosperar y consecuentemente, alcanzar la felicidad.
Resumámosla así: Integridad fundamentada en el deleite que produce meditar en la Biblia.
 
Sin embargo, reconozcamos que no somos capaces de lograr, por nosotros mismos la integridad y  que necesitamos de un poder que actúe en nosotros; de ahí que es necesario que Cristo sea formado en nosotros y que al ser amonestados y enseñados en toda sabiduría, es decir, en su Palabra,  seamos presentados perfectos en Cristo Jesús.

Esta  manera de ser felices agrada a Dios, asegura el éxito en todas las etapas de la vida y dará posteridad a nuestras obras.

¡Seamos felices ahora!

 

Pluma

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