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Una virtud olvidada.

Reflexión
 

A muchos sorprende cómo los que se han propuesto atenuar los sufrimientos del mundo, han programado innumerables días especiales: Día internacional del SIDA, de la mujer, del medio ambiente, y muchos más. ¿Su propósito? Traer ante la gente los sufrimientos, las necesidades y las vejaciones de los desafortunados para hacer conciencia y cambiar la mentalidad de los afortunados; pero poco se ha logrado. Hay algo que se ha olvidado.
Tal vez en un círculo más pequeño, como el del hogar, hay una estela de tristeza, de temor o incertidumbre por una palabra dicha sin pensar o una acción desafortunada. ¿Por qué se cometen estos errores? ¿Por qué se actúa sin pensar en los demás? ¿Qué es lo que falta?

El hombre ha desarrollado eficiencia en todo lo que emprende, lo ha podido medir y lo ha sabido premiar. Hay premios en ciencia, tecnología, arte, literatura y, ni se diga, en el deporte. Pero la verdad es que somos egoístas y deficientes en el amor. El amor, como virtud, es una planta en extinción y poco se hace para preservarla. En vez de esta planta fragante y hermosa, otro amor, ligado al placer, está llenando el mundo.

Si quiere hacer algo para cambiar esto, al menos en su entorno cercano, comience investigando lo que Dios ha hecho por usted movido por su amor. ¿Sabe por qué dio a su Hijo unigénito y por qué Jesucristo murió en la cruz? Continúe pensando en cuánto ama usted a Dios. Cuando comprenda lo que él hizo por usted, querrá hacer algo por él, y entonces comenzará a nacer en usted el verdadero amor.

Hace muchos siglos Dios dio esta orden: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Y: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37,39). Los que oyeron esta ley dada por Moisés no la pudieron cumplir, pero usted y yo tenemos la historia de Cristo que nos da una lección de cómo amar, aún a los enemigos y los que buscan nuestro mal. Cuando el amor de Dios se haya derramado en su corazón, sabrá qué es amar y amará a otros como Dios lo amó a usted. No cambiará al mundo, pero sí cambiará usted.

 

Pluma

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